jueves, 21 de mayo de 2009

DESCUBRIENDO LISBOA.




El puente 25 de abril y la estatua de Cristo Rey, son visibles desde todos los puntos del estuario del Tajo.







Disfrutamos de una vista excepcional desde el Albergue de Almada a la hora del desayuno. Luego aparcábamos en el puerto de Almada para
continuar nuestra visita por Lisboa al otro lado del Tajo. Esta vez , queríamos ver de cerca las vistas que podíamos divisar desde el apartamento familiar en que estábamos alojados en Almada.
Comenzamos por el Monasterio de los Jerónimos



Cerca de donde Vasco da Gama partió para la India en el año 1497, Manuel I construyó un monasterio para los monjes jerónimos en Belém. Se considera el monumento más glorioso de Lisboa. El claustro tiene dos niveles y es uno de los mejores ejemplos del estilo manuelino.

Para reponer fuerzas, existen unos dulces ideales, los pasteles de Belem.







La Torre de Belem representa el símbolo de Lisboa y es el monumento más conocido de Lisboa. su función era la de proteger el Tajo y a la ciudad. Unos 123 escalones nos llevan a la última planta, una terraza con una vista mágnifica.
































El Monumento de los Descubrimientos. Subimos a su cima para ver la orilla surdel Tajo.














El Castillo de San Jorge se encuentra en la cima de una colina . Su historia se remonta al tiempo de los romanos.
Era la primera construcción de la defensa de la ciudad.









Como casi siempre, subíamos a lo alto de la torre para conseguir mejores vistas. Aunque esta vez, tuvimos que resguardarnos de la lluvia y buscar refugio, ya que se avecinaba una tormenta.



Cerca de allí estaba el distrito de Alfama, una de las áreas más antiguas y tradicionales de Lisboa, cuya historia se remonta a los tiempos de los árabes. Está llena de callejones sin salida, patios escondidos y escaleras sin fin.





































Durante los días de los santos populares, alfama se transforma en una gran fiesta, donde los habitantes de cada calle colocan decoraciones y tiendas especiales para vender sardinas asadas y vino. Esa fue nuestra cena, además de la sopa que formaba parte del prato do dia.










Allí aprovechamos para escuchar fados tras la insistencia de una señora, la cual también nos demostró que sabía cantarlos. A las chicas nos ofrecieron además una rosa roja.



















Nuria disfrutó de su clavel escuchando fados en el barrio de Alfama.

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